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El mito de la objetividad científica y el progreso

Una de las principales claves del pensamiento moderno corresponde a la confianza en la ciencia como forma de generar conocimiento cierto y universalmente válido. La modernidad pone en duda el orden teocéntrico propio del mundo pre-moderno, y promueve la generación de formas de pensamiento racional y objetivo, basadas en una idea de ciencia como origen de verdades de carácter general.

Se establece entonces a la ciencia, como sostenedor del progreso y desarrollo de los pueblos, en tanto se confiaba en  que los  conocimientos a los que esta daba lugar permitirían un mejor aprovechamiento de los recursos, una nueva era de innovaciones, de máquinas, de invenciones diversas que marcarían una nueva era en que el hombre, por medio del uso de su capacidad de razonar y la aplicación del método científico, por fin controlaría las fuerzas de la naturaleza para su beneficio, dando lugar a una nueva sociedad, la que fue descrita, incluso, como más justa, libre de pobreza, de enfermedades, etc.

La ciencia, sin duda nos ha proveído de avances de gran importancia que han repercutido directamente en la calidad y expectativas de vida de la humanidad. Sin embargo, los avances científicos han estado lejos de alcanzarse sin costos humanos significativos, así como, tampoco, la ciencia ha traído armonía al género humano.

Numerosas voces nos han hecho ver también que la ciencia, dista de ser neutra en sus decisiones y efectos. Asi Heisemberg nos dice: “El propio hecho de la observación altera al observador y a lo observado” o también Kant, de una forma menos directa: “Nuestro intelecto no extrae sus leyes de la naturaleza, sino que las impone a la naturaleza”.

El conocimiento positivo ha revelado sus falencias. Incluso desde las ciencias duras, como la física, diversos autores han llamado a tomar conciencia que el ejercicio del conocer se ve afectado por los procedimientos de observación y, consecuentemente, por las acciones  y formas perceptivas del observador. La verdad como concepto duro parece desmembrarse, se comienza a tomar conciencia de la relevancia de las perspectivas e influencias del observador  en la construcción del conocimiento. Es más surge un nuevo mito, el constructivismo, el cual plantea que la verdad universal no existe, en tanto no es posible separar totalmente al observador de lo observado, pues la realidad depende de manera importante de las formas perceptivas humanas y los seres humanos no somos para nada homogéneos: nos encontramos situados en cuerpos, espacios sociales, contextos científicos, y contamos con intereses, edades, sexos y ocupaciones diversas.

La idea de conocimiento verdadero no ha muerto, pero ahora, se ha de entender a éste a partir del diálogo, del consenso.

(No logro encontrar el extracto de  la película What the bleep do we know? donde aparece un experimento que demuestra  en que sentido el observador influye en lo observado. Apenas lo pille lo adjunto)

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