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Las redes sociales en Hungría

Durante la primera mitad de los 90′, Hungría experimentó el paso de una economía centralmente planificada a una economía de mercado, lo que vino de la mano con la progresiva democratización de las instituciones húngaras y con la inserción del país en la comunidad internacional. Sin embargo, el proceso de transformación institucional también trajo consigo la creación de nuevas estructuras y redes sociales capaces de organizar la nueva economía de mercado.

Se dieron tres grandes debates académicos sobre las características de la transición húngara. El primero de ellos tiene que ver con el discurso de la privatización de empresas, uno de los procesos vitales de la transición de las economías de Europa del este. En este ámbito, el autor constata que para la segunda mitad de la década de los 90′, este proceso ya se encuentra prácticamente finalizado y las pocas empresas que quedan en poder del Estado, más específicamente en manos de la Agencia Estatal de Privatización, son empresas de bajo rendimiento y, en gran medida, desconectadas de las redes sociales del mundo empresarial húngaro.

Un segundo debate presente es el que discute sobre el rol de la banca en la nueva sociedad húngara. Antiguamente todo el sistema bancario estaba en manos del Estado, pero con la llegada de los 90′, este fue en gran medida privatizado, al mismo tiempo que se permitió la instalación de bancos extranjeros. Este nuevo sector bancario genera cierto grado de temor entre distintos académicos, especialmente sociólogos, por el poder que pueden tener sobre un naciente sector empresarial con poca experiencia con la banca privada, a la vez de los incentivos que pudiesen tener para estrechar lazos de manera oligopólica. Por otra parte, los economistas, de manera más “tranquila”, aseguran que los bancos no están en una situación de poder, sino que simplemente son víctimas de las asimetrías de información frente a clientes que  conocen mejor sus riesgos, por lo que es natural que el sistema bancario estreche lazos. En general, la banca se encuentra más ligada a grandes empresas endeudadas y a otras empresas emergentes de menor tamaño que tienen su origen en los procesos de comienzos de los 90′.

Finalmente se dio un tercer gran debate con la transición misma al mercado en Hungría. Los partidarios de esta transición suele guiarse más por el argumento de la “movilidad social” antes que por otro tipo de argumentos económicos. Se entiende que, ante el pasado elitista de las oligarquías políticas, es ampliamente aceptado hablar de la movilidad social que traerá una “sociedad libre”, donde las personas serán valoradas por su educación y sus habilidades antes que por sus redes políticas. Sin embargo, esto puede ser considerado un mito racional más que una realidad factible, ya que los sistemas liberales -al igual que todo sistema- generan elites con redes que no están al alcance de las mayorías, rompiendo el mito de la movilidad social y la meritocracia.

Las propuestas de la teoría de Ivan Szleny es que, ante la ausencia de una red histórica de empresarios nacionales, la estructura del nuevo mercado tenderá a formar elites empresariales con poder más allá de una industria en particular. En segundo lugar, se propone que las grandes empresas no se aislarán entre ellas y tenderán a formar un grupo cohesionado. Finalmente se propone que tanto las elites empresariales como el sistema bancario tenderán a estrechar lazos.

Haciendo un análisis previo de las redes húngaras, el autor constata que el 90% de los actores analizados necesita a lo más dos intermediarios para llegar a cualquier parte de la red. Esto queda claro ante la respuesta de un CFO quien señala “Los negocios no se hacen debido a las relaciones, pero no hay otros con quienes hacer negocios”. Lo que nos muestra que en este naciente mercado, las redes sociales son la base para los negocios. El 10% restante que está fuera de dicha red se corresponde principalmente con empresas extranjeras.

Al mapear las redes sociales húngaras, se constata que hay dos grandes polos sociales: un núcleo político y un núcleo económico.

El primer polo social tiene como actores centrales de la red a la Agencia Estatal de Privatización y al Departamento de Finanzas. El segundo polo tiene como figuras centrales a grandes bancos y empresas, generalmente de gran pasado y que fueron privatizados hace poco tiempo. Ambas “constelaciones” juegan de manera distinta en la sociedad húngara; sin embargo, también hay casos de bancos privados que sintonizan más con el mundo político, siendo, usualmente, bancos de inversión ligados a empresas aún estatales.

En conceptos de centralidad, se observa que hay un importante grado de embeddedness entre poder político, grandes empresas y banca. Sin embargo, esto no va de la mano con la centralidad de intermediación, que es mucho más fuerte en el poder político y la banca que entre las grandes empresas; es decir, para cruzar la red podrías evitar a las empresas, pero sería muy difícil evitar a los departamentos gubernamentales y a la banca.

En conceptos de autonomía, los grupos con mayor embeddedness suelen ser los menos restringidos al momento de la toma de decisiones. Sin embargo, esto no se cumple del todo para las entidades gubernamentales, que pese a su alto grado de centralidad, no es una figura de gran autonomía, al contrario de la banca que es altamente central y autónoma. Se constata que las grandes empresas tienen una alta autonomía, pero esto no se corresponde con su centralidad, que suele ser más baja. También se nota que el mundo político está densamente conectado con el mundo bancario y empresarial. Las empresas pequeñas están relativamente desconectadas de las redes de poder de Hungría, siendo sus lazos más fuertes con sus fuentes de financiamiento, es decir con la banca. Las empresas medianas, por otro lado, están conectadas, aunque en menor medida, con todo el sistema social de manera similar a las empresas más grandes.

Un elemento importante a destacar es que las empresas que mantienen lazos fuertes con la Agencia Estatal de Privatización, se caracterizan por ser empresas de bajo rendimiento. Sin embargo, esta es la única entidad estatal donde esto sucede, ya que con otros departamentos gubernamentales no sucede esta correlación entre lazos y resultados pobres.

Otro elemento importante es que se logra refutar la tesis inicial de que la banca estrecharía lazos con las grandes empresas. En efecto, hay una gran densidad de redes entre ambos mundos, pero no son redes mucho más importantes que las existentes con otros actores sociales.

Finalmente se logran obtener otras conclusiones interesantes, como el origen de los indicadores de centralidad en las asimetrías subyacentes en la sociedad, como el poder político en el caso de las entidades gubernamentales y el financiamiento en el caso de la banca. La empresa privada, en general, carece de esta característica. Sin embargo, las grandes empresas si se caracterizan por su alto grado de autonomía, dadas sus relaciones de brokerage en la industria, especialmente con otras empresas medianas y grandes. Esta última característica, la autonomía, también la tiene el sistema bancario, con la excepción de la banca extranjera, que para la década de los 90′ aun dependía fuertemente de sus lazos al interior del país para lograr hacer negocios.

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