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En tiempos de crisis nos acordamos del Marxismo, en los de bonanza de Adam Smith.

Nadie quedó indiferente a la crisis económica que estalló el año recién pasado en el mundo. Este fenómeno que se inicio el 2007 en la industria de la construcción en EE.UU y que se traslado al sector financiero por el intercambio de instrumentos financieros derivados de las inversiones en prestamos de alto riesgo en la vivienda, puso en jaque todo el sistema económico internacional, en parte por la escasa regulación de los mercados de capital de dinero alrededor del mundo y que causó el desplome de las bolsa de comercio más importantes del mundo y con esto, la inflación, desempleo, desconfianza, entre otros.

En los últimos 20 años, se ha desarrollado la fase imperialista del capitalismo en que predominan los monopolios que habiendo agotado todos sus posibilidades de seguir creciendo en el mercado local, se internacionalizan y diversifican sus apuestas invirtiendo en un abanico cada vez mas diverso de posibilidades: la producción, el comercio, las comunicaciones, el transporte y las finanzas, entre otros. En este proceso actual de globalización, las relaciones económicas suponen una fuerte interconexión e interdependencia entre los mercados locales y extranjeros. Todo este proceso se ha visto acelerado por el desarrollo científico técnico, el crecimiento de las exportaciones, el incremento del comercio internacional, el aumento de movimientos de capital financiero y todo esto enmarcado en las políticas económicas neoliberales.

Este proceso se ha gestado como respuesta a las prácticas anteriores de formas de gobernar cargadas a la intervención del órgano estatal en el actuar público y que, acusado de ser ineficiente e incapaz de generar beneficios fue destituido por el capitalismo. Con esto, las funciones del estado se vieron considerablemente acotadas y con una actuación extremadamente pasiva. La teoría económica en ese punto tuvo la última palabra, basándose en teoremas de ideales de mercados perfectos y libre comercio, donde se considera al mercado como una institución tan eficiente que se autorregula. La utopía decía básicamente que los mercados perfectos generan información simétrica, el precio se fija naturalmente por un proceso de equilibrio entre la oferta y la demanda, homogeneidad de los productos, libertad de entrada y de salida de los mercados, ausencia de actores públicos y que, mediante la búsqueda del interés privado convergemos necesariamente al bien común.

Desde los años 50 hasta la fecha, la tecnología ha avanzado a pasos agigantados permitiendo el desarrollo de los medios de comunicación, de los medios de transporte y transmisión de información, dando paso a la globalización de la economía mundial la que, a través de corporaciones transnacionales ha instalado un nuevo orden mundial basando su motor de acción en la interdependencia de los mercados mundiales, aumentando el riesgo país dada la vulnerabilidad de las economías locales a un contagio masivo (crisis mundial, epidemias, etc) por la velocidad de transmisión de la información. El acelerado desarrollo de las tecnologías a disminuido los costos de transacción. Ya nadie guarda su dinero debajo de un colchón, ni tampoco manda cartas por correo. Ahora usamos el dinero en plástico(tarjetas de crédito) y escribimos correos electrónicos. Los computadores fueron cambiados por los laptops y los teléfonos fijos por los celulares, dando paso a una interconexión impresionante donde la información vuela. Es tan simple como pensar que al momento de la muerte de Michael Jackson, inmediatamente la noticia recorrió el mundo colapsando muchos de los sitios web de la red. La implicancia que tiene este proceso tecnológico hoy, es el incremento del comercio mundial, de la inversión de capitales en el extranjero permitiendo el movimiento de millones y millones de dólares de un país a otro en tan solo segundos.

El crecimiento del sector financiero a sido la tendencia en los últimos 20 años, más que cualquier otro sector de la economía creada por la burbuja de la especulación fundada en los variados y muy recientes instrumentos financieros. Este sector que aprovechándose de la escasa regulación y de sus variadas formas que encajan a la perfección en el neoliberalismo ha tenido un crecimiento exponencial invadiendo la economía mundial, ha sido una fuerza preponderante en la toma de decisiones político-económicas.

Desde 1970 a la fecha el capital real utilizado en las transacciones internacionales a disminuido del 90% al 30%. Esta especulación de los mercados “casino” genera una enorme inestabilidad y volatilidad al desplazarse enormes montos de capitales de un país a otro, provocando graves desequilibrios de las balanzas comerciales que desencadenan crisis económicas y a su vez desempleo, quiebra de empresas, endeudamiento fiscal y la quiebra del sistema monetario internacional.

Como consecuencia de la gran crisis de la burbuja financiera tenemos una disminución considerable de la producción, disminución de los fondos privados de pensión, reducciones considerables de las arcas fiscales, incremento de los precios en los bienes básicos, tendencia de los estados a proteger sus capitales y empleos, desaparición de industrias ficticias y reales, incremento de la desigualdad, malestar general, etc.

Debido al efecto cadena que tuvo la caída de la economía mundial, se hace evidente que al asumirse esta última como solo una gran economía interdependiente , se pierde el sentido de economía nacional que, en tiempos de crisis se ve fuertemente afectada. En este punto cuando el sector privado pide a gritos desesperados el rescate por parte de las arcas fiscales para que siga “la fiesta”, aparece el fantasma del marxismo desmitificando al mercado y los  supuestos falaces de eficiencia y equilibrio, rompiendo con el gran supuesto de que el neoliberalismo converge al bien común. Karl Marx alguna vez dijo: “Las crisis son las soluciones violentas puramente momentáneas de las contradicciones existentes, erupciones violentas que restablecen pasajeramente el equilibrio roto”.Es así como respuesta a la gran crisis resurge la idea del estado como garante de la protección de la sociedad, volviendo el énfasis al estado, pero ahora con otro sentido que no cae en el extremismo del socialismo sino que persigue un híbrido que sería una suerte de economía social reguladora y protagonista.

Sitios relacionados:

http://www.edicionessimbioticas.info/Reflexiones-sobre-la-crisis

http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=853

http://www.analitica.com/BITBLIO/einstein/socialismo.asp

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Etiquetas: ,
  1. abril 19, 2010 en 7:43 pm

    Honestamente, no entiendo qué tiene que ver este posteo con el tema de la tarea. No califica.

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