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EFECTOS SOCIALES DE LA APLICACIÓN DEL MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL

Los efectos sociales que origina la aplicación del modelo neoliberal, el cual promueve la modernización y el crecimiento macroeconómico, ponen en duda el desarrollo social al mirar los ejemplos de países Latinoamericanos; bastaría con analizar el caso de Argentina y corroborar la relación que se genera entre crecimiento económico y desarrollo social, y los problemas que subyacen a partir de ello.   

Esta mirada, desde una lógica de análisis bajo lo económico y lo social, se entiende al tomar en cuenta un proceso de larga duración: la implantación de las políticas neoliberales durante el periodo de transición a la democracia en América latina, como fenómeno general dentro de la región, y la relación que tendría ello con el caso particular de Argentina, al evaluar cuales fueron las medidas que se establecieron al respecto, como por ejemplo, la ola de privatizaciones.

¿Hasta qué punto estas medidas salvaguardan la anterior época de crisis de la cual formaron parte?

El problema del desarrollo social siempre ha constituido una de las mayores preocupaciones tanto de fuerzas políticas como de debates de las ciencias sociales y económicas para el caso de Latinoamérica. El desarrollo se ha transformado en uno de los hilos conductores de la evolución político-económica y social de los países del continente, prácticamente desde la segunda mitad del siglo XIX – conceptualizado bajo la noción de progreso – o en la etapa post Gran Depresión – o desarrollista – que primó durante la gran parte del siglo pasado. De esta manera, el desarrollo social se ha constituido casi en una utopía, que a pesar de verse cada día más lejana, permite a los países subdesarrollados avanzar en su búsqueda.

El concepto del neoliberalismo se entiende a partir de la definición del modelo neoliberal, esto es, aquel modelo que en vez de enfatizar la estabilidad política y un desarrollo económico proteccionista y de bienestar social, promueve la economía de mercado, la desregulación de los mercados eliminando las barreras para el comercio internacional, la reducción del gasto público y por ende la disminución del aparato estatal. Es aquel paradigma que visualiza como meta fundamental el equilibrio del crecimiento macroeconómico de un país, de la mano de la modernización. En relación al periodo que lo antecede – modelo Keynesiano – la idea del desarrollo social no está concebido como objetivo central, ya que para la ideología neoliberal, éste se lograría como consecuencia y efecto del crecimiento económico de un país, teniendo así sentido la idea que el desarrollo social se alcanza por chorreo.

Si bien la concepción de crecimiento económico bajo el paradigma neoliberal actual no genera una consecuente construcción de desarrollo social como algo primordial, sino como una consecuencia de aquel crecimiento, más allá de descuidar la consecución de la utopía del desarrollo en post de la estabilidad otorgada por el crecimiento económico, profundiza y agrava aún más los problemas de desigualdad social y precariedad de vida.

La aplicación específica de la doctrina neoliberal en el contexto específico de Argentina obedece a coyunturas políticas – pérdida de las Malvinas en 1982 y transición a la democracia en 1983 – y sobre todo económicas – crisis de la deuda externa – tomando en cuenta que la aplicación de las reformas estructurales realizadas en el ámbito económico no obedecieron a la creación de un nuevo modelo de desarrollo social que las nuevas democracias quisieron implementar, sino que respondieron a la necesidad imperiosa de lograr revertir el clima de crisis económica con que se encontraron estos nuevos gobiernos, tomando como eje central la estabilización de los índices macroeconómicos nacionales, cuestión sumamente necesaria para frenar el creciente descontento social y para cumplir los requerimientos mínimos con los que la economía mundial presionaba a los países subdesarrollados. Una consecuencia práctica generada a partir de la aplicación de medidas neoliberales es la configuración espacial de las ciudades. Ésta no es otra cosa que la expresión de las dinámicas de acumulación de capital y su consecuente reproducción social.

Al mirar la evolución histórica que experimentó Argentina durante la década de aplicación de las políticas neoliberales en busca de la prometida modernización, es posible ver cómo estas medidas produjeron un retroceso en lo que respecta al desarrollo social que iría conformando, además de las malas prácticas políticas y económicas, el escenario ideal que llevaría a la crisis económica nacional del 2001, desempleo, crisis del sistema cambiario y monetario, y por sobre todo, un déficit fiscal preocupante. De esta manera, se demuestra los resultados sociales a los que se llega tras las aplicación de un modelo de modernización – dado por el actual paradigma económico neoliberal – que en busca de alcanzar la anhelada estabilización macroeconómica, descuida, en su afán modernizador, a amplias capas de la sociedad, reproduciendo y agravando problemas sociales que alcanzan realidades penosas que no se condicen con la riqueza de dichos territorios.

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  1. junio 1, 2010 en 5:32 am | #1

    Antonia
    Estoy de acuerdo en que una política económica no puede desconocer el contexto social en que se aplica y, en ese sentido, no se puede esperar que sólo una reforma económica liberal “solucioné todo lo demás” como efecto secundario. Es la clásica creencia de personajes como Milton Friedman, quien se defendía de su asesoría al régimen militar chileno señalando que a la libertad económica, necesariamente le seguiría la libertad política.
    No obstante, me parece innecesario redundar tanto en el ejemplo argentino, no porque no sea un caso de fracaso político y económico incuestionable, sino porque nunca fue un paradigma de una reforma económica liberal. En general se da mucho la confusión entre una economía de libre mercado y el “crony capitalism” (“capitalismo para los amigos”, “socialismo para ricos y capitalismo para pobres”, entre otros sinónimos…). Es este último concepto el que más representa a las economías latinoamericanas, que se caracterizan por su alta concentración y grados de captura del estado. Índices como Doing Business o los rankings de Heritage o del Cato Institute lo muestran más cuantitativamente: las economías latinoamericanas, pese a toda la parafernalia pseudo liberal ochentera, siguen siendo economías con muy altas barreras de entrada a la competencia y que favorecen a los grupos empresariales ya establecidos, algo que cualquier doctrina liberal, desde la socioliberal de Rawls hasta la libertaria de Friedman rechazan.

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